Drew Gooden, nativo de la Bay Area, organizó este partido de cara a recaudar fondos para la organización benéfica "Make-A-Wish". Una buena excusa para reunir a un buen puñado de jugadores NBA afectados por el "lockout" y que aún entrenan en Estados Unidos a la espera de que la temporada se reanude... o de ofertas de otras ligas si el cierre patronal se alarga aún más.
Rubio jugó en el mismo equipo (el "rojo") que Gooden, saliendo ambos en el cinco inicial junto a DeMar DeRozan, Shawn Marion, con Keith Bogans, Nick Collison y Jason Kapono de suplentes. Por el equipo "blanco", Eric Gordon, Dorell Wright, Al Harrington, Leon Powe y Anderson Varejao formaban el quinteto de salida, con Amir Johnson, el rookie Jeremy Tyler y James Harden en el banquillo. La principal ausencia la protagonizó Amaré Stoudemire, quien se cayó del cartel a última hora por unas molestias.
Como "entrenadores" habian también dos ilustres: DeShawn Stevenson y Jason Terry, flamantes campeones NBA con los Mavericks. Pero, como era de esperar, cualquier concepto táctico brilló por su ausencia durante todo el partido. Ni siquiera los árbitros (curiosamente, dos con uniforme de árbitro NBA, y otro con uniforme de la D-League) se preocupaban en absoluto de conceptos como pasos, dobles o contactos ilegales... aunque divertidos.
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Foto Alberto de Roa
El baloncesto, como deporte de competición, era lo de menos. La gente disfrutó con las gesticulación de un desatado Noah que celebraba cada canasta como si fuera un séptimo partido de una serie de finales. O con el tremendo pique de mates que DeMar DeRozan y James Harden ofrecieron ante un público ávido de jugadas espectaculares. Todo ambientado con música hip-hop que no se limitaba a las pausas, sino que ponía banda sonora al partido (dividido en cuatro cuartos de 10 minutos) en todo momento.
Ricky Rubio se apuntó a la fiesta especialmente en la primera mitad, con varios pases de fantasía (no todos acabados con éxito) o un alley-oop tremendo que culminó en el segundo cuarto (quién si no) DeRozan. Siendo el único base puro del partido, de sus manos nacieron las jugadas que más se asemejan a las de un partido de competición. Pero, todo sea dicho, el publico disfrutó más con escenas tan poco habituales como Leon Powe subiendo la bola con Anderson Varejao defendiéndolo.
Lo mejor de la actuación de Ricky Rubio, en el fondo, fue el sentirse integrado entre tanto veterano. Sólo el base de El Masnou y Jeremy Tyler carecen aún de experiencia NBA, y sólo comparte con el ya "asimilado" Varejao una formación baloncestística fuera de los institutos o universidades estadounidenses. Pese a ello, bromeó y se sintió uno más entre los que serán, cuando la NBA empiece, sus nuevos compañeros y rivales en la cancha.
En lo estrictamente deportivo, Rubio no sólo demostró su talento innato para el pase, sino que se quiso probar en su punto débil: el tiro exterior. Pese a la naturaleza del partido, en ningún momento aprovechó la poca intensidad defensiva para entrar a canasta, sino que se prodigó más desde la linea de tres. Hasta en siete ocasiones lanzó desde fuera de los 7'24, anotando tres de los lanzamientos. El único tiro que intento dentro del arco fue de cinco metros, fallado.
En total (siempre según los apuntes de este cronista al no haber estadísticas oficiales), Ricky Rubio anotó 9 puntos, repartió 5 asistencias, capturó 3 rebotes, robó 1 balón y perdió 2 en aproximadamente 28 minutos de juego. Su equipo perdió, 92-117, pero nadie miró al marcador en ningún momento.
Y es que la cifra que al final importó fue la que Gooden pudo aportar a la organización benéfica: un cheque por valor de 10.000 dólares (cerca de 7.500 euros) gracias a la recaudación conseguida (las entradas costaban entre 27 y 122 dólares). Una buena causa que sirvió a Ricky Rubio para "bautizarse" de forma oficial, por fin, ante el público estadounidense.

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